Indice del artículo
Sobre el análisis fenomenológico del documento fotográfico
1. Introducción
2. Sobre el método fenomenológico
3. Primera reducción fenomenológica
4. Segunda reducción fenomenológica
5. Tercera reducción fenomenológica
6. Conversión de la fotografía en fotodocumento
7. Cualidad de algo pasado
8. Poder ontológico del fotodocumento
9. El impacto de la imagen fotodocumento
10. ...objetivamente registrado y mostrado al espectador en soporte fotográfico...
11. Halogenuro de plata frente a digitografía
12. ... y que encierra potencialidad para testimoniar, instruir e informar sobre ese algo
13. Bibliografía
Todas las páginas

 

3. Primera reducción fenomenológica

Un fotodocumento aparece ante nuestros sentidos como un objeto percibido por la visión revestido con unas características concretas soportadas . Si nos retrotraemos a su primitiva significación antes de ninguna interpretación, y aplicamos una epojé de todo lo conocido hasta ese momento, estaremos iniciando esta reducción. Sin embargo, una de las dificultades para el analista la constituye la existencia de ciertas condiciones que puedan hacerse de la descripción del objeto. La primera está referida al hecho de que su inspección visual pueda deformar el todo aparecido. Esto, que se llama perspectiva, es un factor a tener en cuenta en la valoración de lo descrito. La segunda condición alude al grado de claridad/iluminación y la propia nitidez del objeto gestáltico dado.
Ya metidos en la descriptiva, los dos primeros rasgos que aparecen están sustentados por la existencia de una geometría plana y una consistencia. El primero, la geometría plana, constituye habitualmente una forma rectangular u oval, de características bidimensionales e, incluso, tridimensionales. A esta geometría plana, se la denomina soporte porque sustenta algo captable con la visión. Pronto descubriremos que ese algo es un fragmento del mundo real, que está ahí delante de nosotros.
El soporte posee a su vez la característica de plenitud. Junto a esta plenitud y a su cualidad geométrica, aparece otro elemento representado por la consistencia. La mayoría de las veces es elástica, rompible, irrompible, frágil, rígida y con estructuras bien dispares: vidrio, metal, piedra, madera, plásticos, etc. La consistencia es accidental, pero cumple la función de contribuir a soportar una representación parcial del mundo. ¿Qué función cumple la geometría del phaenomenon, si es que tiene alguna? Sencillamente, la de soportar un simulacro del mundo que no es el mundo mismo. Soporta la realidad que está ante nosotros, pero no informa acerca de qué tipo de realidad podemos estar hablando, sino que ofrece la realidad pura y dura en el sentido de Husserl, es decir, la que está ahí, delante de nosotros, la dada, la que está siempre ahí en el mundo sin más interpretaciones. Así pues, el primer impacto derivado de la reducción fenomenológica se opone a interpretaciones analógicas, subvertidas o filosóficas sobre la supuesta realidad. Insistimos, la que está ahí, la que estaba ahí y la que estará ahí. Siempre. Esto quiere decir que, en su pureza objetiva, al fotodocumento no lo definirá nada en relación con su analogismo, la subversión o cuantas interpretaciones de la realidad se le ocurra al ser humano. Lo que nos ofrece apareciendo es un trozo de simulacro del mundo soportado sobre una geometría plana y bidimensional de consistencia variable.
A estas alturas, podríamos preguntarnos acerca de lo que soportan estos elementos descriptivos del phaenomenon. Ya hemos adelantado que es un fragmento del mundo, sin ser el mundo. Laruelle, habla de metáfora de la realidad o, mejor aún, de simulacro universal (LARRUELLE, 1190:197 y ss.). Simulacro porque es parecido, y universal porque es el mundo. Es la realidad del fragmento que aparece sin más concesiones ni divagaciones. Sin embargo, podría objetarse que lo representado en la bidimensionalidad no siempre estará ahí. Estará ahí, en el sentido de Husserl, lo que sea de physis , pero lo representado en la bidimensionalidad no es physis. Esto conlleva a considerar que si el mundo natural seguirá siempre ah, lo que no sea physis no podrá estarlo siempre. En una palabra, nos introduce en la efimeridad  del fotodocumento. De ahí que digamos que es un trozo no natural del mundo natural.
En este sentido, se dice que el fotodocumento alcanza la realidad que alcanza, ni un ápice más. De ahí que podamos inferir que la cualidad de sugerir representaciones en elipsis no es fotodocumento, no es nada objetivo sino una mera idealización del observador. Y lo es porque tiene que ser objetivo. De ser subjetivo no sería fotodocumento. Pese a ser reiterativos, insistiremos en las características descriptivas soportadas. Una de ellas es la faceta representacional. Toda representación tiene un significado. Pero si en la primera reducción fenomenológica se busca la significancia retrotraída, nos podríamos preguntar hasta dónde llega el acto de retrotraerse de un fragmento del simulacro universal, que representa a la physis, pero que no lo es. Lo más sorprendente de lo representacional es que, mirado como se quiera, siempre se sabe que no es el mundo, pero se sabe, en cambio, que procede del mundo. A ningún observador, por poca cultura que posea, le suscita la duda de que no procede del mundo. Esto, que conecta con el llamado fenómeno de Kulechov, se trata de algo que induce al analista a comprender que tanto el saber a ciencia cierta que no es el mundo mismo y, de otra parte, que procede del mundo mismo, posee una fuerza indiscutible, transmite una certeza ontológica doble.
¿Y por qué este parecer representacional puede comportarse así si además se sabe que es una realidad distinta de la natural, que no es más que un trozo del mundo no physico? ¿Qué elementos justifican este saber que procede del mundo y que a su vez no es el mundo? Ante todo la conciencia de efimeridad. Los observadores distinguen que el mundo de la physis tiene elementos para destruir la representación del soporte. Se sabe que la humedad, las condiciones físicoquímicas y biológicas, en general, aceleran la efimeridad de lo soportado. Por tanto, lo que aparece es algo que no es el mundo, sino algo que lo simula realizado por el ser humano. A diferencia de la physis, es un trozo representacional, bidimensional, soportado y efímero.
Se trata de algo gestáltico que produce, en el plano mental del observador, la impresión de un orden ilusorio que se toma como especular. Cualquier analista sabe que en muchos casos lo dado representacionalmente no existe en el mundo, sino en la mente y en la habilidad de quien lo ejecuta. Por eso, lo aparecido como fotodocumento vendría a ser como descubrir un artilugio ficticio que parece intentar engañar a quien lo ve (simulacro). Sin embargo, en algunos casos, existe un no dudar, un sentimiento de veracidad, de que es algo no ficticio ni de artilugio, sino existencialmente verdadero. Este doble ontologismo no persiste cuando se trata de representaciones basadas en la habilidad del autor, como es el caso de la pintura. Y, en cambio, persiste en un tipo de representaciones que se sabe no han sido elaboradas mediante la habilidad manual de alguien, sino que proceden del mundo, sin ser el mundo mismo, mediante la utilización de algún artefacto que no implica habilidad manual, por ejemplo la fotografía.
En síntesis, tras la primera reducción fenomenológica, nos encontramos en condiciones de asimilar que toda representación doblemente ontológica, dada en una planitud geométrica bidimensional, se llama fotografía. Ahora bien, no toda fotografía es un fotodocumento. ¿Qué lo hace transformarse en tal?