Indice del artículo
Medios de comunicación, redacción, interpretación y opinión
1. Introducción
2. Opinión y persuasión.
3. Géneros periodísticos y formas discursivas.
4. Conclusión
5. Bibliografía.
Todas las páginas

 

1.    Introducción

Históricamente, a principios del siglo XX había quedado atrás la confianza ciega en las opiniones de la prensa de partido en beneficio del articulista más o menos independiente y ajeno a los intereses inmediatos del juego político. La información y una cierta independencia  eran valores en alza, la concepción empresarial del periodismo era un hecho irreversible. En este marco nacen en 1903, ABC y en 1910, El Debate. En Cataluña, el punto de referencia es La Vanguardia, que concebido como órgano del partido liberal en 1881, en manos de Ramón Godó tomaría orientaciones informativas e independientes con tendencia conservadora y monárquica.

Tras la Primera Guerra Mundial, la polémica, el articulismo cruzado y los editoriales intencionados reaparecen con renacida intensidad. El género periodístico de opinión se renueva en la década de los veinte con el articulismo humorístico junto a la historieta y el chiste gráfico. Así mismo las revistas literarias conocen un extraordinario momento. Tal es el caso, por ejemplo, de la Revista de Occidente y La Gaceta Literaria donde escribe parte de los autores que integran la Generación del 27.

En los años treinta, un articulismo comprometido pide la regeneración de España. En esta época, se reproduce con diferentes criterios periodísticos, el ardor opinativo de la prensa del XIX y no sólo en los editoriales. En los numerosos periódicos de estos años colaboran asiduamente las figuras prestigiosas y solventes de la vida nacional en todos los aspectos. Los artículos de fondo y los breves ensayos que se publican a diario, alcanzan verdadera categoría literaria. Los acontecimientos sociales y debates parlamentarios suelen ir precedidos de encendidas polémicas en las columnas periodísticas que el público lee y comenta apasionadamente como nunca se ha producido antes ni después. A partir de 1930, se publica más prensa que nunca y con mayores tiradas. El Sol es un buen ejemplo de ello. Esta publicación se convierte en  el diario de los intelectuales de primer orden y decenas de millares de lectores.

Llega la República y con ella una ley de prensa que mantiene las tradicionales multas y suspensiones. Una vez más en la historia del periodismo español se crea una Liga defensora de la libertad de prensa, que únicamente no suscriben El Socialista, El Liberal y Luz. A lo largo de estos años las fuertes diferencias ideológicas se fueron acentuando, y esa situación provocó la necesidad de tomar posiciones. De nuevo se alienta el desarrollo del articulismo y por supuesto la necesidad de encontrar medios para poder definir esas posiciones. Como en el siglo XIX, en la primera mitad del XX, comienza a practicarse una prensa con orientación doctrinal y polemista, pobre en información, medios y páginas.

Durante la Guerra Civil hubo fluctuaciones de la prensa debido a que cada zona mostraba la orientación propia de quienes la controlaban. No obstante, las publicaciones del frente populista fueron mayores en número. En el frente de batalla, la prensa combina informaciones oficiales con un articulismo lleno de consignas. El bando populista cuenta con publicaciones como Avance y La Voz del Combatiente. En el bando franquista destacan El Soldado Español o El Alcázar. En definitiva, en uno y otro bando, el articulismo doctrinal está a la orden del día.

En la retaguardia, hay un periodismo de opinión de exigente profundidad y tono más sereno que en La Hora de España.  Cultivan autores como José Bergamín, Alberti, Dámaso Alonso, María Zambrano o Machado. El final de la guerra provoca el final de una época de esplendor cultural iniciado en España desde finales del XIX.

Tras la Guerra y sobre todo en el período que media entre la Ley de Prensa de 1938 de Serrano Súñer y la Ley de Prensa e Imprenta de Manuel Fraga en 1966, el panorama en el periodismo de opinión fue básicamente unidireccional. Sólo hay lugar para el discurso oficial y propagandístico que se concentra sobre todo en la prensa del Movimiento, que en 1944 contaba con 37 diarios y 15 revistas.

Hacia 1957, se aprecia un leve cambio en la prensa y paulatinamente queda atrás esa férrea concepción del carácter propagandístico y educativo de la prensa. Los periódicos del Movimiento van incorporando en sus plantillas brillantes colaboradores en temas diversos, en principio, económicos, sociales, deportivos, diluyendo poco a poco en apariencia la dualidad social. En estos años, aparecen en escena articulistas como Eugenio D’Ors, Ramón Gómez de la Serna, Jaime Campmany, Cándido, Luis María Ansón, César González Ruano, Guillermo Díaz Plaja o Manuel Santaella.

La década de los sesenta y sobre todo a partir de 1966, la prensa española es el escenario de la aparición de una nueva generación de articulistas cuyos puentes serán Campmany y Manuel Alcántara y posteriormente Francisco Umbral quienes se inscriben en la tradición del articulismo periodístico más literario cuyo origen traza el propio César González Ruano. Otros nombres se van incorporando como Camilo José Cela, Rafael García Serrano y José Antonio Torreblanca, entre otros.

Esta generación de brillantes columnistas sufre un olvido forzado de la situación política del país. Sólo después en la transición a la democracia, estos mismos columnistas y sus herederos han llevado el asunto político a ser predominante en la natural dialéctica del periodismo de opinión.

A pesar de que en estos años estos autores evitan el tema político en sus textos y explícitamente se ocupan de asuntos de menor cuantía, ciertos rasgos de los autores de la democracia han quedado muy asentados en el periodismo de opinión tal y como hoy lo conocemos:

- Importancia de los elementos literarios y sus recursos.
- Extensión más bien breve del texto de opinión.
-  Texto subjetivo ameno.

En cuanto a la transición a la democracia y las revistas de opinión, la Ley de 1966, aprobada en Cortes el 15 de marzo, de Manuel Fraga desencadenó el proceso denominado “aperturismo” en el que no obstante, la eliminación de la censura previa se compensaba con otros procedimientos de control.

En esos años, el viejo pulso articulístico regresa a la prensa. Durante este período el diario de referencia nacional es ABC aunque el periódico Pueblo disfruta de cierta implantación. Existe, por otra parte, un grupo de diarios que no sobrevive a la transición debido a su inmovilismo como es el caso de Arriba y El Alcázar. La aparición de una nueva prensa cierra el paso a publicaciones anticuadas ideológica y empresarialmente. Se advierte en algunos periódicos la renuncia a la opinión, a favor de los géneros informativos trabajados y bien documentados. Esto ocurre en el diario Informaciones e incluso en el propio Pueblo que cuenta con una excelente escuela de periodistas jóvenes como Raúl del Pozo, Miguel Ors, Tico Medina, Jesús Hermida, José María García o Balbín.       
A pesar de esta tendencia, los actores de la comunicación social no podrán dejar de implicarse en los acontecimientos de estos años. En este periodo, las revistas proporcionan un soporte capaz de márgenes de maniobra a los columnistas más atractivos de los que ofrece la prensa. En torno a Cuadernos para el Diálogo de tono socialista se forma una excelente nómina de periodistas, políticos y colaboradores: Jorge Esteban, Tomás de la Quadra, Amando de Miguel, Juan Benet, Antonio Elorza, Enrique Bustamante, Soledad Gallego, Joaquín Estefanía y Vicente Verdú. La orientación de izquierda es aún más evidente en la revista Triunfo donde se publica la columna de Manuel Vázquez Montalbán titulada “La capilla sixtina” bajo el seudónimo de Sixto Cámara.  También colabora en ella Eduardo Haro Tecglen. Interviú, dirigida por Antonio Álvarez Solís muestra desde sus inicios una decidida voluntad de opinión junto a la práctica de los grandes reportajes de investigación y de perspectiva popular.

En 1973, nace Cambio 16, fundada por Juan Tomás de Salas. En esta revista la información y la interpretación cobran protagonismo frente a la opinión. Cuenta, no obstante con columnistas importantes como Enrique Serra, Alejandro Muñoz Alonso o Luis González Seara. Buena parte de las revistas de opinión no sobreviven a la primera parte de la transición periodística a la democracia y por tanto otros títulos ocupan este lugar. Estas nuevas revistas van borrando poco a poco las huellas del franquismo tras la muerte del dictador.

La Constitución de 1978 incorpora en su artículo vigésimo la supresión de márgenes de acción absolutos para desplegar la libertad de expresión. Superada la transición a la democracia y con el partido socialista en el poder en los años 80, los diarios de información general sufren cierta descolocación. De este modo, periódicos como Arriba, Pueblo o la Hoja del Lunes dejan de ser publicados. Algo interesante en estos años es la importancia de la columna deportiva en los diarios de información general. Columnistas como Campmany, Alcántara o Vicente Verdú le otorgan a esta columna más relevancia que la que reciben en la prensa estrictamente deportiva.

En la segunda mitad de los setenta, aparecen los dos periódicos más significativos de la transición, El País y Diario 16. Dirigido por Juan Luis Cebrián en mayo de 1976 nace El País. Este periódico no apuesta por el columnismo, y de hecho únicamente publica “Diario de un snob” de Francisco Umbral, autor que se va a convertir, por su lenguaje original y su capacidad para renovar los cánones obsoletos del género, en el columnista más significativo de la transición democrática y en referencia para los nuevos cultivadores de este género de opinión.

El País  por tanto se centra en el periodismo argumentativo de fondo con firmas como Julián Marías, Rafael Alberto, Fernando Chueca Goitia, Mercedes Fornica, José Luis Aranguren, Ricardo de la Cierva o Tierno Galván y a parte de estos artículos publica comentarios para completar sus informaciones con firmas como Antonio Papell o Juan Manuel Bonet. Tampoco en su primera época Diario 16 apuesta por el columnismo. A pesar de ello cuenta con columnistas como Carmen Rico Godoy, Savater y José Luis Coll junto a un articulismo de fondo que ofrece firmas como Elías Díaz, Pedro Schwartz, Pablo Sebastián o José Luis Martínez Albertos.

Del mismo modo que en la década anterior, las revistas de los ochenta continúan llenando sus páginas de opinión. En 1985, nace Época, dirigida por Jaime Campmany quien imprime un cierto talante conservador a su publicación. Esta revista cuenta con la colaboración de autores como Julián Marías, Ramón Pi, Pilar Urbano, Emilio Romero, Manuel Alcántara o Ricardo de la Cierva. Tres años más tarde aparece Panorama, del grupo Z en la que conviven columnas de opinión (Consuelo Álvarez de Toledo, Luis Sampedro o Fernando Díaz Plaja) junto a columnas de sociedad, más próximas al revoltillo de nombres que a la opinión (Mª Eugenia Yagüe o Karmele Marchante). En 1989, nace Tribuna con talante más articulístico que columnista con firmas como Fernando Onega, Jesús Cacho, Álvaro Pombo o Andrés Aberasturi.

No es casualidad que en las revistas, las firmas de prensa constituyan una referencia y un aval de ventas. Una de las consecuencias del decenio de los ochenta en la prensa española será precisamente el creciente prestigio y valoración del columnismo inspirado en el periodismo de opinión tradicional español, es decir, en el costumbrismo político sazonado en prosa satírica .

La transición al decenio último de nuestro siglo contempla la voluntad de incorporar dos títulos al sistema, El Independiente y El Sol (ambos de escasa vida) y el nacimiento de un nuevo periódico, El Mundo, que en un tiempo extraordinariamente breve, tendrá la capacidad de modificar el sistema de prensa nacional. Pedro J. Ramírez es el director del nuevo diario quien después de salir de forma conflictiva de Diario 16 arrastra con él a parte de la redacción de dicho periódico para su nuevo proyecto.

La crisis de Diario 16  provoca la salida de muchos columnistas hacia El Mundo. En la segunda mitad de la década de los noventa, la red de opinión de este diario es una de las más populares de la prensa española. En su plantilla de colaboradores cuenta con firmas como Francisco Umbral, en la última página; Antonio Burgos y Manuel Hidalgo en Cultura; Pablo Sebastián en Nacional acompañado por Pilar Urbano, Raúl Heras, Julia Navarro y Pedro Calvo Hernando; En Internacional firma ocasionalmente Alfonso Rojo, Fernando Múgica o Xulio Ríos; en Deportes, Carlos Toro y Vicente Salaner; en Economía, Casimiro García Abadillo y en Televisión, Carlos Boyero.

Años antes, entre 1988 y 1994 decrece de forma importante la difusión de revistas de opinión como Cambio 16, Interviú, Época, Tiempo y Tribuna a favor de un aumento en la difusión de las tres grandes cabeceras nacionales del momento: El País, ABC y El Mundo. Del mismo modo que este último, en la segunda década de los noventa, tanto El País como ABC apuestan por la columna y por el prestigio de firmas que opinen en todos los ámbitos de la realidad social. Se puede afirmar que hasta ahora nunca se había escrito un periodismo de opinión en España en tal cantidad. Tras la victoria del Partido Socialista en 1982, con la que concluía la Transición democrática, se ha visto que el periodismo de opinión y sobre todo el columnismo ha conocido un auge verdaderamente extraordinario. La prensa en la década de los noventa, a finales del Siglo XX, se había convertido en periodismo de discusión y debate, en definitiva, en opinión del acontecer político de los últimos años.