Indice del artículo
Contenidos en la Red: Deontología periodística y ética de la información, un binomio inseparable para la expansión del periodismo digital
1. La mentalidad de aldea (R. Kapuscinski)
2. De lo concreto a lo universal (R. Kapuscinski): De lo local a lo global en la información
3. El mundo real y el mundo virtual
4. Introducción a la mentalidad global del hombre: un claro ejemplo internet
5. Contenidos en Internet: No todo lo que reluce es oro
6. Contenidos ilícitos en internet
7. Derechos Humanos en el ciberespacio
Bibliografía y Notas
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6. Contenidos ilícitos en internet

Son los proveedores de contenidos los responsables civil y penalmente por actos propios, esto es un principio general del derecho, reconocido en todas las legislaciones. El problema esta cuando el proveedor de contenidos ilícitos se ampara en el anonimato, en estos casos la posible responsabilidad recae en los intermediarios técnicos a los que difícilmente se les puede aplicar los criterios tradicionales de la prensa escrita, que no sirven en las redes digitales dada la fugacidad de los contenidos y la dificultad de localizar el origen o el destino de la información.

En una era en la que la tecnología aparece como condición esencial de posibilidad y como característica de éxito para lo que se emprenda, quedan atrás otras posibilidades que hasta el momento se han utilizado y que  son inherentes a la condición humana.

Javier del Arco ,  nos precisa la relevancia de la ética para el análisis de la tecnología: La necesidad de continuar pensando en nuestra condición humana para que al ser reconocida como tal, pueda ser respetada, abre la oportunidad de un discurso ético sobre los derechos humanos en una era en la que la tecnología aparece como condición esencial de posibilidades y como característica definidora de nuestra sociedad. Como afirma Graciano González en su introducción a Derechos humanos: la condición humana en la sociedad tecnológica, una consideración filosófica de los valores de la razón, dignidad, libertad, igualdad, solidaridad y paz, que expresan  dicha condición, debe realizarse a través de un discurso que considere los derechos humanos como exigencias morales de realización tanto en el nivel personal como en el colectivo. Introducir la tecnología en este contexto significa atender a la necesidad de traducir dicho discurso en términos que puedan también a abarcar a la ciencia y a la tecnología como elementos que modifican el concepto de espacio o ámbito en el que se manifiestan, profundizan, y desarrollan los derechos humanos. Este nuevo ámbito está abriendo nuevas perspectivas para entender, de una forma sustancialmente más amplia, la declaración universal de los derechos humanos de 1948. Toda una serie de problemas éticos y jurídicos que tienen que ver con dichos derechos, y que piden urgente respuesta, están a la espera de ser reformulados. De dicha reformulación, que nos encamina hacia una cuarta generación de los derechos humanos.

J. Del Arco habla de la necesidad de una cuarta generación de Derechos Humanos : El desarrollo social y moral del ser humano no ha sido nunca opaco al desarrollo de las realidades técnicas científicas. Dichas realidades se constituyen como condición de posibilidad para el cambio social, la emergencia de nuevos valores, la aparición de nuevos paradigmas éticos y, en definitiva, el advenimiento de nuevas formas de organización social. Por esa razón resulta necesario reflexionar constantemente sobre el sentido de la relación entre los desarrollos técnicos y el entorno humano. Resulta evidente constatar que la tecnociencia está presente como uno de los hechos configuradores de la realidad actual, y que el mundo ha cambiado de forma sustancial a partir de ese impulso. Pero también debemos entenderlo como un fenómeno multidimensional que proyecta su influencia de una manera directa sobre las realidades morales, psicológicas y sociales. Es por esta razón por la que según el profesor Manuel Maceiras es necesario considerar dos programas de acción distintos pero convergentes. El primero, de carácter teórico, estudia la forma en que la tecnociencia está modelando la identidad y la conciencia humanas. Los nuevos medios técnicos extienden el ámbito de la expresión y la comunicación a otros espacios hasta ahora vedados a los individuos. El segundo objetivo es de carácter político pragmático, y nos previene frente a la necesidad de elaborar políticas coherentes que reconozcan las nuevas necesidades humanas para aprovechar dichos medios, y los nuevos derechos que son inherentes al suceso mismo del vivir en una sociedad tecnológica, son las llamadas exigencias políticas de la tecnociencia.

Los derechos de segunda generación se incorporan a partir de una tradición de pensamientos humanistas y socialdemócrata que a la postre, resulta válido para todos ya que las ideas predominantes en la Europa moderna se articulan mayoritariamente en torno a unas ideas políticas de centro, a la vez sociales y liberales, laicas, tolerantes y defensoras de una economía social de mercado acompañada de importantes prestaciones sociales públicas que inciden y remarcan la expresión de igualdad de los individuos. Los derechos de primera generación defendían a los ciudadanos frente al poder del Estado, pero ahora se exige cierta intervención del Estado para garantizar un acceso igualitario a los derechos anteriormente citados, es decir, para compensar las desigualdades naturales creadas por las ventajas y desventajas de clases, etnia y religión que caracterizan las diferencias sociales de los individuos desde su propio nacimiento. Se pide así que el Estado garantice el acceso a la educación, el trabajo, la salud, la protección social, etc., al crear las condiciones sociales que posibiliten un ejercicio real de las libertades en una sociedad donde no todos los hombres nacen iguales. La universalización del sufragio y el reformismo social permitieron que las constituciones liberales del siglo XIX pudieran encajar estos derechos. El movimiento obrero y las ideologías de corte internacionalista impulsaron definitivamente la conciencia de la necesidad de extender a todos los ciudadanos, y de forma progresiva, el derecho a la educación, el trabajo, a una salud garantizada por el Estado, etc.

Los llamados derechos de la solidaridad constituyen una tercera generación que se concreta en la segunda mitad del siglo XX. Esta vez, su motor impulsor será la acción de determinados colectivos que reclaman legítimos derechos. Se comienzan a configurar en forma de declaraciones sectoriales que protegen los derechos de colectivos discriminados grupos de edad, minorías étnicas o religiosas, países del Tercer Mundo, que estén afectados por alguna de las múltiples manifestaciones que cobra la discriminación económica social. La globalización económica, así como la ideológica y simbólica, la transición de la sociedad de información a  la sociedad del conocimiento, la integración del mundo a través de la extensión universal de los medios de comunicación de masas, así como los fenómenos de multiculturalismo provocado por los flujos migratorios, son claros síntomas de que algo sustancial está cambiando.