Indice del artículo
Contenidos en la Red: Deontología periodística y ética de la información, un binomio inseparable para la expansión del periodismo digital
1. La mentalidad de aldea (R. Kapuscinski)
2. De lo concreto a lo universal (R. Kapuscinski): De lo local a lo global en la información
3. El mundo real y el mundo virtual
4. Introducción a la mentalidad global del hombre: un claro ejemplo internet
5. Contenidos en Internet: No todo lo que reluce es oro
6. Contenidos ilícitos en internet
7. Derechos Humanos en el ciberespacio
Bibliografía y Notas
Todas las páginas

image Nunca antes la función de informar ha tenido mayor responsabilidad y, a su vez, se encuentra con los mayores obstáculos. La responsabilidad se la asigna al informador una sociedad democrática que hace valer su derecho fundamental a ser informada con veracidad y sin ocultación premeditada (Vázquez, 1991).

Dra. Cecilia Salinas Aguilar, Universidad Antonio Nebrija, Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Revista 1- Año 1, (Dic.2010-Mar-2011)

ISSN 2173-6588

Resumen

Nunca antes la función de informar ha tenido mayor responsabilidad y, a su vez, se encuentra con los mayores obstáculos. La responsabilidad se la asigna al informador una sociedad democrática que hace valer su derecho fundamental a ser informada con veracidad y sin ocultación premeditada (Vázquez, 1991). Nunca se había visto esto porque jamás el modelo de la sociedad había universalizado este derecho a lo largo del discurrir  histórico. Pero, tenemos que tener en cuenta que hoy el informador está acorralado por un sinfín de alternativas insuperables: está obligado a transmitir  a la sociedad un caudal completo de noticias, información, imágenes etc., pero a su vez   se le somete  a todo tipo de prohibiciones convencionales, éticas, morales, jurídicas etc. –secretos oficiales, de Estado, comerciales y empresariales, etc.-, que le prohíben  las más inspiradas fuentes de datos; debe ser fiel a su conciencia individual y profesional, pero se le obliga a respetar los denominados “principios de interés público”, que son, en definitiva, “intereses oficiales” de clase política y con una dimensión interesada, exigidos por grupos de presión y de intereses muy concretos.



Palabras clave: ética, periodismo, información, internet, red, ciberespacio, deontología, conducta, comunicación, medios de comunicación.

Content on the Web: journalistic ethics and information ethics, an inseparable pair for the expansion of digital journalism

 

Summary

Never before has the role of information has increased accountability and, in turn, is the greatest obstacles. Accountability is the reporter assigned to a democratic society, who assert their fundamental right to be informed truthfully and without concealment premeditated (Vázquez, 1991). He had never seen this model because they never had universalized society that right along the historical discourse. But we must bear in mind that the reporter is now cornered by a host of alternatives insurmountable is obliged to send the company a full flow of news, information, images etc.., But in turn is subjected to all kinds of prohibitions conventional, ethical, moral, legal etc. "State secrets of state, business and trade, etc .-, that prohibit the most inspired data sources, should be faithful to his personal and professional awareness, but was forced to respect the so-called" principles of public interest " which are, in short, "governmental interests" of the political class and a dimension concerned, required by pressure groups and specific interests.

Key words: journalism, information, internet, conduct, network, cyberspace, ethics, communication, media.


 

1. La mentalidad de aldea  (R. Kapuscinski)

Durante miles de años la mente humana se fue conformando para resultar eficaz en mundos chicos: vivíamos en comunidades y tribus muy pequeñas, de treinta o cincuenta  personas, según nos señalan los descubrimientos arqueológicos. Era un mundo de pequeñas comunidades que se movían en búsqueda de comida, tratando de sobrevivir, los vínculos se limitaban a la propia familia o la tribu y sus vecinos próximos. El hombre creía conocer todo el mundo porque conocía su comunidad; ignoraba que existían otras sociedades y moría con la convicción de que conocía a toda la gente.

Así se creó la estructura de nuestra imaginación. Y de pronto, en los últimos treinta años una avalancha de información, de imágenes, de datos atacó a nuestra mentalidad, que no pudo absorber y procesar tanto. Por eso nos  resulta muy problemático abarcar los pensamientos globales. Pero la mentalidad debe cambiar con la historia. Ya nadie construye catedrales, por ejemplo, porque representaban una idea de la imaginación como campo ilimitado, que tuvo una determinación histórica y ha perdido su vigencia; tampoco se compone música como la del Medioevo porque hoy nuestra imaginación es diferente a la que tenían los pueblos de ese momento.

Y hoy este fenómeno cambiante que es la imaginación tiene que cambiar de escala, pasar del mundo chico al mundo grande, El gran esfuerzo que eso requiere no va a cumplirse de un día al siguiente. He aquí el problema con que chocamos en la actualidad: no somos capaces de pensar en esas escalas globales y planetarias, pero vivimos en un mundo muy diversificado, complicado e inestable donde fácilmente nuestras cosas pueden cambiar como consecuencia de hechos que no dependen de nosotros.

El hombre sabe que no tiene influencia sobre las cosas grandes; se limita a las pequeñas porque entiende que las puede dominar. Esa tendencia a limitar el pensamiento es un símbolo de nuestra incapacidad para comprender el mundo en que vivimos, un mundo globalizado. Pensamos que vivimos en una pequeña aldea, en una calle breve, en una casa, En esos tamaños se mueve nuestra imaginación. Ésta es la principal de las contradicciones de la mente humana.


 

2. De lo concreto a lo universal (R. Kapuscinski): De lo local a lo global en la información

Como periodistas, la tensión entre lo local y lo global nos toca particularmente. Para aquellos que trabajan en el centro del mundo, todo lo que allí sucede tiene automáticamente calor central por sí mismo. Pero para los que trabajamos en la gran periferia es muy importante entender que debemos buscar lo universal en cualquier tema, aquello que revela el mundo entero en una gota de agua. Porque una gota de agua contiene al mundo, pero hay que saber encontrar el mundo en una gota de agua.

Cada vez que nos proponemos escribir acerca de un tema, debemos preguntarnos qué tiene de universal: cuál metáfora, símbolo o signo que nos permita pasar de lo pequeño a lo grande. Debemos hacer una reflexión porque sólo si encontramos este vínculo, este pasaje entre lo local y lo universal, nuestro texto tendrá peso y valor. Sólo así el lector descubrirá en nuestro texto, junto a la historia concreta, un mensaje universal, una pista que le ayude a descifrar las leyes del mundo.

¿Por qué algunos textos pueden vivir cien años y otros textos mueren al día siguiente de su publicación? Por una diferencia capital: los textos que viven cien caños son aquellos en los que el autor mostró, a través de un apequeño detalle, la dimensión universal, cuya grandeza dura. Los textos que carecen de este vínculo desaparecen.

Conviene tener presente este requisito de universalidad también a la hora de recoger el material, mientras investigamos nuestro tema. Es una cuestión de talento, de intuición, pero también de amplitud de conciencia, de sabiduría. Y, sobre todo, se trata del secreto para que unos textos perduren y otros se pierdan en el olvido.


 

3. El mundo real y el mundo virtual

R. Kapuscinski   nos explica como el ser humano en su memoria genética primitiva sigue viendo el mundo actual como una aldea, una tribu, un barrio, una calle, donde no cave lo universal porque no tiene idea de tal cosa.
La realidad actual a puesto al individuo en un conflicto  que no consigue comprender, como puede el periodista conseguir entender y escribir una realidad que no vive que no concibe por cultura moral o religión, pero debe de informar para cumplir así con su misión, pues esto es lo que sucede cuando desde occidente se cubren noticias, que ocurren allende los mares en lugares donde no existe un Dios como nosotros lo concebimos, no existe una lengua como nosotros la hablamos no existe una moral como nosotros vemos, es cuando llegamos a la conclusión de que somos una aldea, una tribu, un barrio o una calle, pero también somos un universo, diverso amplio desigual, pero que nos une una cosa, que la humanidad somos todos
y nuestra naturaleza humana nos iguala, nos guste o nos disguste.

Al mismo tiempo, la relevancia de los medios crece a medida que avanza el siglo. Los jóvenes periodistas que hoy se desempeñan en el pequeño territorio de la prensa escrita van a trabajar en una civilización donde nuestra tarea importará cada día más por dos razones: la primera, porque es una profesión a través de la cual se puede manipular a la opinión pública; la segunda, porque los mecanismos de los medios construyen un mundo virtual que reemplaza al mundo real.

La manipulación de los modos en que piensa la gente, una práctica de enorme difusión, se emplea en numerosos sentidos y medidas. Ya no existe la censura como tal, con excepción de ciertos países; en su lugar se utilizan otros mecanismos –que definen qué destacar, qué omitir, qué cambiar- para manipular de manera más sutil. Eso importa a los poderosos de este mundo, siempre tan atentos a los medios, porque así dominan la imagen que dan a conocer a la sociedad y operan sobre la mentalidad y la sensibilidad de las sociedades que gobiernan.

Con respecto a la construcción del mundo virtual, es valioso recordar que hasta 30 ó 40 años atrás hombres y mujeres conocíamos la historia que nos enseñaban en las escuelas y a través del relato de nuestras familias, dos vertientes que formaban parte de la memoria colectiva de las sociedades a las que pertenecíamos. Hoy, en cambio, con el desarrollo de los medios, vivimos en un mundo donde la historia se ha vuelto doble, donde conviven dos historias simultáneas: aquella que aprendimos en la escuela y en la familia, de manera personal, y la que nos inculcan los medios, que fijamos – a veces subconscientemente- a través de la televisión, la radio, los métodos de distribución electrónica. El gran problema se presenta cuando, con el tiempo, esta acumulación de construcciones de los medios nos hace vivir cada vez menos en la historia real y cada vez más en la ficticia. Es la primera vez que algo así ocurre a la humanidad. Enfrentamos un fenómeno cultural del que no sabemos cuáles podrán ser sus consecuencias.

La revolución de los medios ha planteado el problema fundamental de cómo entender el mundo. Convertida en una nueva fuente de la historia, la pequeña pantalla del televisor elabora y relata versiones incompetentes y erróneas, que se imponen sin ser contrastadas con fuentes auténticas o documentos originales. Los medios se multiplican a un velocidad mucho mayor que los libros con saberes concretos y sólidos.

Un ejemplo que nos da Kapuscinski, de cómo la información a nivel mundial a trastocado la idea que tiene el hombre de su entorno, fue la guerra que aconteció  en Ruanda en 1994. Una de las masacres más grandes del siglo XX sucedió durante tres meses en un país pequeño y desconocido, muy adentro del enorme continente de África, de estructura sociológica muy complicada, con una historia cultural y étnica peculiar que muy pocas personas conocían. También es muy poca la gente que sabe lo que realmente pasó allí; algunos académicos, algunos especialistas en asuntos africanos: un grupo muy reducido que quedó ciertamente asombrado de la falsedad con que se dio a conocer el horror que vivió Ruanda cuando la noticia se difundió por el mundo.

Millones y millones de personas en todos los continentes aprendieron una historia irreal de esos acontecimientos a través de las noticias que mostró la televisión. Esa construcción ficticia fue la única historia que conocimos, la única que hubo y quedó, porque las voces alternativas –los pocos libros que aparecieron sobre Ruanda de antropólogos, sociólogos y otros especialistas- no pueden ofrecer la misma accesibilidad que los medios masivos. La gente común conoce la historia del mundo a través de los grandes medios.

Como ésa, cada vez más historias virtuales ocupan el lugar del mundo real en nuestro imaginario. Esas manipulaciones nos alejan de las historias y problemas reales que suceden en las diversas civilizaciones. Vivimos en un mundo de tantas culturas que solamente un reducido grupo de especialistas es capaz de entender y aprender algo de lo que está pasando. El resto accede al discurso fragmentado y superficial que los grandes medios condensan en un minuto: se trata de un problema que seguiremos sufriendo mientras las noticias muevan tanto dinero, estén influidas por el capital y compitan como productos de los dueños de los medios.


 

4. Introducción a la mentalidad global del hombre: un claro ejemplo internet

Hemos pasado por varios siglos de evolución, tenemos cuenta de todo lo acontecido a través de la historia, desde que el humano es capaz de plasmar de alguna manera lo que le acontece en su entorno próximo, utilizando diferentes plataformas de comunicación como la  pintura rupestre, jeroglíficos, creación de alfabetos, arquitectura, arte y toda forma de comunicación humana.

En pocos años, las nuevas tecnologías han revolucionado los métodos tradicionales con los que contaba el hombre hasta el momento, para comunicarse, radio televisión y prensa escrita.

Hoy en día en Internet nos es posible conseguir todo tipo de información que necesitemos. Desde información de un personaje publico  hasta información de cualquier ciudadano anónimo, podemos hacernos con un artículo escrito y publicado hace días incluso meses, información histórica literaria, científica etc. La inmensa cantidad de datos que transitan por la “superautopistas de la información” nos hacen en muchas ocasiones la vida más fácil para quienes necesitamos  información al momento sin tener que recurrir a las vías hasta hace unos años usadas (bibliotecas, centros de documentación, museos, Hemerotecas  etc.).


 

5. Contenidos en Internet: No todo lo que reluce es oro

En cuanto a parte de los contenidos de Internet es una constante la preocupación de los gobiernos y de las autoridades  ante un hecho que repercute directamente a la sociedad, son los usuarios de Internet, las empresas del sector las primeras interesadas en limpiar de escoria la Red.

Según Lucía Marín  por lo general, la información que el usuario encuentra en Internet es legítima y le reportará numerosos beneficios. Pero la realidad demuestra que un porcentaje, reducido si cabe, de las informaciones que se puede encontrar en su navegación son potencialmente ilícitas o nocivas.

Pero es necesario comenzar aclarando cual es la diferencia que existe entre ilícito y nocivo, ya que ambos conceptos son relativos. Ni toda la información es considerada ilícita por los mismos estados, ni toda es nociva o perjudicial para todas las personas.

Son contenidos ilícitos los merecedores de una respuesta penal: la utilización de Internet para la difusión de pornografía infantil, la difusión de contenidos racistas o xenófobos, la apología del terrorismo, las difamaciones o las violaciones de la propiedad intelectual. Son nuevas formas de ataque a valores jurídicos protegidos: la libertad e indemnidad (libre de daños o perjuicios) sexual, la dignidad humana, el derecho al honor o el derecho de propiedad intelectual. Existe cierto consenso entre los estados occidentales en calificar como delito este tipo de contenidos.

Por el contrario, no lo hay para los contenidos nocivos. Éstos, aunque dañinos para determinadas personas en base a sus valores éticos, religiosos o políticos, no son merecedores de respuesta penal.

Aunque los ejemplos que pueden encontrarse de contenidos ilícitos y nocivos en la Red pueden ser numerosos, hay que destacar que las acciones que han despertado más atención y reacciones más intensas han sido todas aquellas relacionadas con la pornografía, y en especial con la pornografía infantil.


 

6. Contenidos ilícitos en internet

Son los proveedores de contenidos los responsables civil y penalmente por actos propios, esto es un principio general del derecho, reconocido en todas las legislaciones. El problema esta cuando el proveedor de contenidos ilícitos se ampara en el anonimato, en estos casos la posible responsabilidad recae en los intermediarios técnicos a los que difícilmente se les puede aplicar los criterios tradicionales de la prensa escrita, que no sirven en las redes digitales dada la fugacidad de los contenidos y la dificultad de localizar el origen o el destino de la información.

En una era en la que la tecnología aparece como condición esencial de posibilidad y como característica de éxito para lo que se emprenda, quedan atrás otras posibilidades que hasta el momento se han utilizado y que  son inherentes a la condición humana.

Javier del Arco ,  nos precisa la relevancia de la ética para el análisis de la tecnología: La necesidad de continuar pensando en nuestra condición humana para que al ser reconocida como tal, pueda ser respetada, abre la oportunidad de un discurso ético sobre los derechos humanos en una era en la que la tecnología aparece como condición esencial de posibilidades y como característica definidora de nuestra sociedad. Como afirma Graciano González en su introducción a Derechos humanos: la condición humana en la sociedad tecnológica, una consideración filosófica de los valores de la razón, dignidad, libertad, igualdad, solidaridad y paz, que expresan  dicha condición, debe realizarse a través de un discurso que considere los derechos humanos como exigencias morales de realización tanto en el nivel personal como en el colectivo. Introducir la tecnología en este contexto significa atender a la necesidad de traducir dicho discurso en términos que puedan también a abarcar a la ciencia y a la tecnología como elementos que modifican el concepto de espacio o ámbito en el que se manifiestan, profundizan, y desarrollan los derechos humanos. Este nuevo ámbito está abriendo nuevas perspectivas para entender, de una forma sustancialmente más amplia, la declaración universal de los derechos humanos de 1948. Toda una serie de problemas éticos y jurídicos que tienen que ver con dichos derechos, y que piden urgente respuesta, están a la espera de ser reformulados. De dicha reformulación, que nos encamina hacia una cuarta generación de los derechos humanos.

J. Del Arco habla de la necesidad de una cuarta generación de Derechos Humanos : El desarrollo social y moral del ser humano no ha sido nunca opaco al desarrollo de las realidades técnicas científicas. Dichas realidades se constituyen como condición de posibilidad para el cambio social, la emergencia de nuevos valores, la aparición de nuevos paradigmas éticos y, en definitiva, el advenimiento de nuevas formas de organización social. Por esa razón resulta necesario reflexionar constantemente sobre el sentido de la relación entre los desarrollos técnicos y el entorno humano. Resulta evidente constatar que la tecnociencia está presente como uno de los hechos configuradores de la realidad actual, y que el mundo ha cambiado de forma sustancial a partir de ese impulso. Pero también debemos entenderlo como un fenómeno multidimensional que proyecta su influencia de una manera directa sobre las realidades morales, psicológicas y sociales. Es por esta razón por la que según el profesor Manuel Maceiras es necesario considerar dos programas de acción distintos pero convergentes. El primero, de carácter teórico, estudia la forma en que la tecnociencia está modelando la identidad y la conciencia humanas. Los nuevos medios técnicos extienden el ámbito de la expresión y la comunicación a otros espacios hasta ahora vedados a los individuos. El segundo objetivo es de carácter político pragmático, y nos previene frente a la necesidad de elaborar políticas coherentes que reconozcan las nuevas necesidades humanas para aprovechar dichos medios, y los nuevos derechos que son inherentes al suceso mismo del vivir en una sociedad tecnológica, son las llamadas exigencias políticas de la tecnociencia.

Los derechos de segunda generación se incorporan a partir de una tradición de pensamientos humanistas y socialdemócrata que a la postre, resulta válido para todos ya que las ideas predominantes en la Europa moderna se articulan mayoritariamente en torno a unas ideas políticas de centro, a la vez sociales y liberales, laicas, tolerantes y defensoras de una economía social de mercado acompañada de importantes prestaciones sociales públicas que inciden y remarcan la expresión de igualdad de los individuos. Los derechos de primera generación defendían a los ciudadanos frente al poder del Estado, pero ahora se exige cierta intervención del Estado para garantizar un acceso igualitario a los derechos anteriormente citados, es decir, para compensar las desigualdades naturales creadas por las ventajas y desventajas de clases, etnia y religión que caracterizan las diferencias sociales de los individuos desde su propio nacimiento. Se pide así que el Estado garantice el acceso a la educación, el trabajo, la salud, la protección social, etc., al crear las condiciones sociales que posibiliten un ejercicio real de las libertades en una sociedad donde no todos los hombres nacen iguales. La universalización del sufragio y el reformismo social permitieron que las constituciones liberales del siglo XIX pudieran encajar estos derechos. El movimiento obrero y las ideologías de corte internacionalista impulsaron definitivamente la conciencia de la necesidad de extender a todos los ciudadanos, y de forma progresiva, el derecho a la educación, el trabajo, a una salud garantizada por el Estado, etc.

Los llamados derechos de la solidaridad constituyen una tercera generación que se concreta en la segunda mitad del siglo XX. Esta vez, su motor impulsor será la acción de determinados colectivos que reclaman legítimos derechos. Se comienzan a configurar en forma de declaraciones sectoriales que protegen los derechos de colectivos discriminados grupos de edad, minorías étnicas o religiosas, países del Tercer Mundo, que estén afectados por alguna de las múltiples manifestaciones que cobra la discriminación económica social. La globalización económica, así como la ideológica y simbólica, la transición de la sociedad de información a  la sociedad del conocimiento, la integración del mundo a través de la extensión universal de los medios de comunicación de masas, así como los fenómenos de multiculturalismo provocado por los flujos migratorios, son claros síntomas de que algo sustancial está cambiando.


 

7. Derechos Humanos en el ciberespacio

El gran atractivo de Internet es su naturaleza abierta. Los intentos de restringir el libre flujo de información en Internet, así como los intentos de restringir lo que puede decirse por el teléfono, supondrían una limitación onerosa y nada razonable de los bien establecidos principios de intimidad y libertad de expresión. La aparente inmaterialidad de los ataques precisa otras formas de análisis. En el mundo real, los ataques a los derechos humanos en forma de acciones políticas tienen una traducción casi inmediata en términos de hambre, discriminación, flujos migratorios o de refugiados, recorte de libertades civiles, etc. En el ciberespacio, dichas acciones cobran incierto carácter de invisibilidad frente al escrutinio público. La contaminación del aire, de la tierra o del agua puede ser mensurada de forma objetiva a través de dispositivos y aparatos diseñados a tal efecto, y los datos así obtenidos pueden constituirse en infraestructura de políticas de regeneración del medio ambiente. Por el contrario, no resulta tan sencillo medir el grado de contaminación o intoxicación en una información, o detectar en un producto audiovisual el modelo de sociedad  o los valores que se transmiten de forma soterrada. No resulta sencillo, por ejemplo, evaluar el impacto discriminatorio que pueda subyacer en una política educativa que puede tener como efecto la laceración de distintos niveles de capacidad de acceso y uso de los medios informáticos y telemáticos por parte de estudiantes de diferentes clases sociales.

La influencia de la tecnología informática y el mundo de la cultura presentan diferentes dimensiones, y puede además dotar de significado a un conjunto de principios que sin esa influencia acabarían siendo poco más que una voluntariosa declaración de intenciones. Si se ha defendido tradicionalmente que las ideas cambian el mundo, también debemos tener en cuenta que los gobiernos y las empresas que definan los estándares de comunicación de Internet, la telefonía móvil global y la televisión vía satélite tendrán en su poder una de la claves fundamentales del poder futuro.

Por otro lado, los regímenes democráticos también han percibido que Internet aparece como uno de los foros públicos donde los ciudadanos tienen una mayor capacidad de organización horizontal, donde pueden quedar en entredicho los tradicionales intereses de los actores sociales que han monopolizado habitualmente el acceso a los medios de comunicación e intentan actuar en consecuencia para mantener su influencia social. En este caso no nos encontramos con medidas empresariales o gubernamentales abiertamente contrarias al derecho a la libre expresión de las ideas, pero sí con campañas de sensibilización social sobre una serie de conductas delictivas llevadas a cabo a través de Internet –pornografía infantil, propaganda racista, apología del terrorismo y la violencia, etc.- que parecen pedir a gritos la censura previa y la catalogación de los contenidos de las páginas Web en supuesta defensa de los valores morales. Que quede claro: nos oponemos, por inmoral y represora de las libertades básicas, a cualquier medida reaccionaria de corte ultraconservador o fundamentalista tanto en su vertiente política (dictaduras, democracias puritanas y ultraconservadoras) como religiosa (neocatólica, protestante-radical, musulmana o sionista) que propugne restricciones a la libre circulación de la información y las personas por Internet, porque es mucho peor el remedio que la posible enfermedad.

En conclusión, como nos refiere Jesús Mosterín  en su libro La naturaleza humana, la realidad es compleja, y diferentes puntos de vista son a veces requeridos para dar cuenta de sus diferentes aspectos. Nuestra conciencia moral ha de tener en cuenta la diversidad de nuestros problemas morales, y ha de ser lo suficientemente flexible como para adoptar diferentes perspectivas para tratar de problemas distintos. Algunas de las teorías éticas funcionan bien a ciertos niveles, pero son inútiles en otros. Por ejemplo, la ética Kantiana enfatiza el efecto de nuestras acciones en los demás humanes, pero se olvida de sus efectos en nosotros mismos o en la biosfera.

En general, los enfoques contractualistas de la ética sirven para realizar cuestiones como el cumplimiento de las promesas o el pago de las deudas, pero fracasan cuando se aplican a nuestras relaciones con los infantes o con los animales. El utilitarismo analiza bien alguna de estas cuestiones, pero no proporciona una plataforma fiable para asegurar las libertades individuales o para enfocar la problemática ecológica. Ninguna teoría ética simple es la panacea de todos los problemas morales. El conflicto moral entre perspectivas o intuiciones diferentes es a veces inevitable. A lo más que podemos aspirar es a alcanzar un compromiso práctico, que tenga en cuenta todos los aspectos relevantes de la cuestión.

La Física ha avanzado mucho más que la ética, pero ni siquiera en física hemos logrado la teoría unificada; mucho menos en ética. No existe la teoría o esquema ético que solucione todos nuestros problemas morales por aplicación uniforme del mismo principio, regla o fórmula. En física aplicamos teorías distintas en campos diversos: en cosmología usamos la teoría general de la relatividad, pero en física de partículas preferimos la teoría cuántica de campos. El enjuiciar las actuaciones humanas no es más sencillo que el describirlas. No hay teoría social ni fórmula simple que nos permita resumir y predecir la conducta humana en todos sus detalles. Si la hubiera, no necesitaríamos leer el diario para enterarnos de lo que pasa; nos bastaría con hacer deducciones a partir de la fórmula. Tampoco (todavía menos) hay una fórmula simple que resuma la ética. Las ofrecidas hasta ahora no funcionan más que en ciertos casos. Ojalá hubiera tal fórmula mágica, tal máquina conceptual de justificar morales. Nos ahorraría muchos dilemas y quebraderos de cabeza. Mientras no se encuentre, tendremos que seguir reconstruyendo inacabablemente nuestra propia moral, como en la metáfora del barco de Neurath, que se va  reconstruyendo mientras navega; tendremos que seguir avanzando a tientas en la oscuridad, por ensayo y error, echando mano en nuestras deliberaciones de todos los heteróclitos recursos de los que disponemos, desde nuestras inclinaciones congénitas hasta nuestras teorías filosóficas, desde los datos científicos objetivos hasta nuestra subjetiva experiencia de la vida, desde el cálculo hasta la compasión. Ojalá fuera todo más sencillo, pero no lo es.

Por lo precisado con anterioridad de lo difícil por no decir imposible, que le resulta al ser humano el ponerse de acuerdo, y  reflexionar  sobre la  ética o moral casualmente por la visión diferente que cada uno tiene del otro, es esta una misión arto difícil, intentada por el hombre desde que este puede comunicarse de alguna forma hasta hoy en día pero sin mayor éxito.


 

Bibliografía

-    KAPUSCINSKI, R. (2005):  Los cinco sentidos del periodista (estar, ver, oír,    compartir, pensar) Ediciones APM, Madrid
-    DEL ARCO, J. (2004): Ética para la sociedad de la red. Ed. Dykinson, S.L., Madrid
-    MARÍN L. (2000):  Los contenidos ilícitos y nocivos en internet Ed. Fundación Retevisión, Madrid
-    MOSTERÍN, J. (2006) La naturaleza humana Ed. Espasa Calpe, Madrid

Notas

Rizchard Kapuscinski: Los cinco sentidos del periodista, 2006
Lucía Marín: Los contenidos Ilícitos y Nocivos en Internet
J. Del Arco: Ética para la Sociedad Red
Ibidem : “La necesidad de una cuarta generación de Derechos Humanos” (Pág. 32) en Ética para la Sociedad Red
Ibidem : “La necesidad de una cuarta generación de Derechos Humanos” (Pág. 32) en Ética para la Sociedad Red
Jesús Mosterín La Naturaleza Humana